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En carne viva (In the cut)

Reto. Un reto suele tomarse como la clara oposición a un camino ya recorrido. En el caso de la película que comentaremos, In the cut, esta palabra encaja de manera perfecta. En principio tenemos a la directora, Jane Campion, que se ha ganado un respeto internacional por su bien llevada (y a veces incomprendida) filmografía, que va desde la ternísima An Angel at my table, pasando por su éxito mundial, The Piano, hasta llegar al thiller que da un giro a su estilo semi-preciosista.

Este estilo romántico y gélido que venía presentado queda guardado para dar rienda suelta a la más pura sensualidad y erotismo, por momentos "vulgares", por momentos irónicas y reflexivas. Es con In the cut que Campion explora su faceta abierta a la pasión urbana, fuera de costumbrismos y vestidos largos. Adapta su postura femenina al siglo 21, delimitada por un Nueva York caluroso y poco visto en películas filmadas allí. No por nada se encargó de escoger meticulosamente cada locación (el distrito de Tribeca), en busca de ese ambiente decadente.

La protagonista, llamada en su tiempo "La Novia de América", Meg Ryan, acepta de igual forma la apuesta de tridimensionalizar su bagaje histriónico en la figura de una mujer entrada en sus treinta, con una vida hecha, pero incompleta y que persigue esa chispa tan básica como el sexo en el nivel físico. No sólo desnuda su mente, también su cuerpo se ve expuesto por primera vez a la crítica, en aras de crear un personaje "real".

Mujeres al final, y con carreras notables, la una y la otra se toman de la mano en este proyecto arriesgado y complicado, tanto para demostrarse a si mismas que un cambio es el rumbo de la superación, así como para demostrar su visión de la mujer actual.

Meg Ryan, como maestra universitaria de literatura, se muestra tímida en su actuación al principio, tal vez por controlar demasiado los gestos que la delataran como actriz encasillada en la "comedia romántica". Su papel se compone de dos partes: una mujer en apariencia feliz y una persona entregada al deseo. Su actividad principal se basa en la búsqueda del "slang" o lenguaje popular en su distrito, a través de uno de sus alumnos, quien al mismo tiempo realiza una investigación sobre un asesino serial (John Wayne Gacy)

Una tarde, mientras tiene una reunión con su discípulo, Frannie (Ryan) descubré su lado voyerista y eso la intriga. Esto resulta simplemente el inicio de su viaje. Días después toca a su puerta un detective para cuestionarla sobre un asesinato cometido cerca de su departamento. Este segundo descubrimiento desencadena en ella la necesidad de probar sus límites sexuales. Aún cuando ella no reprime sus instintos, es con el Detective Malloy con quien decide experimentar "en carne propia" la emoción de encuentros furtivos y sensaciones desconocidas.

La historia de pasión entre estos dos personajes se ve complementada con el aporte de la siempre correcta Jennifer Jason Leigh en la figura de Pauline, media hermana de Frannie, quien llena la pantalla con su acento y su porte sexy. Por momentos roba cámara a Ryan, pero esto es inevitable debido a la experiencia de Jason en papeles "trabajados"

El objeto de deseo de Frannie, Malloy, interpretado por Mark Ruffalo, es tal vez el mayor acierto en cuanto a reparto se refiere. Transforma la figura tradicional de autoridad en algo más accesible y un tanto ilícita, con la medida justa de misterio y machismo (es decir, fuera "príncipe valiente)

Si bien al principio de este comentario planteabamos el reto como distintivo de In the cut, ahora corresponde decir que este "reto" se cumple a medias. Por un lado, la historia, más allá de la mitad, se torna lenta por la necesidad de Campion de reafirmar a Ryan como actriz seria, sin dejar que ella misma respire el carisma que tiene. En el otro extremo, la fotografía con claroscuros y lente desenfocada se presenta cansada al espectador, contribuyendo a perder ese estilo que al inicio se antojaba intimista. En honor a la verdad, y a pesar de que In the cut se basa en la novela homónima de Susanna Moore (quien junto con Campion escribió el guión), la historia no presenta novedad alguna en la narrativa, aunque se agradecen los flashbacks que Campion retoma, imprimiéndolos con cierto aire de "The Portrait of a Lady".

Queda claro que Meg Ryan no pasará desapercibida con este papel, aunque las razones se fusionen en una sola: el morbo por verla desnuda (que dicho sea de paso, mantiene una figura admirable a sus cuarenta y tantos años). Jane Campion, por su parte, se anota un acierto con respecto a trabajar historias ambientadas en una modernidad latente.

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