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21 gramos (21 grams)

La idea de mezclar historias es un recurso utilizado con frecuencia, pero con fines específicos. Hay historias cruzadas que sirven como catalizadores de una situación; hay otras que de manera individual funcionan sin que llegue a afectarse el resto; y existen unas más que juegan con la ilusión de ser partes dipersas dentro de un universo, para llegar a la conclusión que todo está conectado de forma inexplicable.

Este último caso es al que apela 21 gramos, una cinta que presenta tres momentos en un espacio-tiempo. Esta multitud de enfoques es algo no-nuevo en el insipiente estilo de su director, Alejandro González Iñarritu, quien en su anterio trabajo (amores perros), sacó la técnica de director de comerciales y la juntó con el experimento de recrear vidas que se ligan por un evento en común.

Tomando como antecedente lo anterior, 21 gramos se antojaba para ser una pequeña remembranza del éxito de 2000, incluyendo la fórmula que resultó y evidenciando un poco más de presupuesto y tiempo. Fue grato descubrir que las semejanzas entre aquellos "perros" y estos "gramos" están dadas por el director y el guionista solamente. A pesar que la anécdota de un accidente automovilístico como detonante de la trama se evidencia en ambas películas, Gónzález Iñarritu apuesta en 21 gramos por el trabajo actoral por encima de la puesta en escena. Si bien la fotografía de Rodrigo Prieto crea los ambientes grises y el tono de los planos, es el trabajo de Naomi Watts, Sean Penn y Benicio del Toro que destaca por sobre las sombras de la incertidumbre que viven sus personajes.

En el aspecto actoral, tendríamos que decir que Naomi Watts, como una viuda alcohólica/drogadicta en periodo de duelo, se lleva las mayores palmas. Deja a un lado el aspecto físico (si bien, el maquillaje oscuro contribuyó a su personificación) y se adentra en la mente y el espíritu de esta mujer sin dejar duda que estamos contemplando una representación de la realidad lo más fidedigna posible. Sean y Benicio también mantienen un alto perfil, pero creemos que no se equipara con el de la australiana.

Si tuvieramos que poner un pero, sería la pretenciosa edición del filme. Por una parte juega al rompecabeza sin solución evidente, y por otra, se maneja en la línea de proporcionar los datos suficientes para ir construyendo el clímax, y por consecuencia, la resolución del conflicto. Lejos de ser un intrincado juego de piezas desordenadas, resulta más obvio un orden intercalado y demasiado pensado para el público.

Sin duda 21 gramos es el siguiente nivel en la filmografía de Iñarritu, pero si pretende tener un estilo, bien puede cambiar el compañerismo creativo o aceptar que no todo se conecta de tres en tres.

links: sitio oficial / ficha técnica / imágenes

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